Muchas veces no nos damos cuenta de la realidad que nos rodea y de cómo los niveles de maldad afectan a las diferentes personas.
Conocí una vez a una chica cuya belleza era comparable a la de una modelo prefabricada, este no era su caso, la belleza la tenía en sus genes, y su juventud, pero lo que más me llamó la atención fue la tristeza que se desprendía de sus ojos, puesto que era de muy pocas palabras y sonreía muy poco.
Cuando descubrí el porqué de la tristeza de camelia, me invadió un sentimiento igual, y me sentía impotente de poder ayudarla en un predicamento tan profundo como el que le acontecía a su vida.
Camelia fue madre a los 13 años, proveniente de una humilde familia del campo, y el hombre que debió permanecer a su lado no pudo enfrentar el hecho que no estaba con una mujer sino con una todavía adolescente, ella no pudo soportar la idea de el nuevo tipo de vida que le esperaba y por tal razón la joven pareja se separó.
Ahora, con dos hijos, camelia vivía con su madre y hermanos (hermanastros) y trabajaba como dependiente de una pequeña tienda.
La tristeza de Camelia no se debía a lo incómodo de su precaria y humilde situación económica ni al hecho de que no pudo terminar el colegio, no.
Esa tristeza provenía de algo más profundo.
Consciente de las necesidades de sus niños, optó por buscar trabajo para llevarles un sustento, puesto que su madre tampoco podía ayudarla mucho en lo económico, así fue que cuando la contrató el dueño de la tienda, empezaría una triste situación en su vida.
Camelia hizo gran amistad con la hija del dueño y de a poco con su madre, la acogieron como una más de la familia. Susana, la hija del dueño la considera como su hermana y Dolores, la madre de Susana, como una hija más.
Fue una tarde que Susana, sus hermanas y mamá, habían salido a la ciudad cuando el dueño de la tienda violó a Camelia. Qué difícil para una adolescente madre de 2 niños reclamar justicia por un hecho así. Con lágrimas en los ojos contó los sucedido a Dolores, pese a las amenazas del dueño, quería morirse, huir a otro sitio. Pero allí fue que la calidad humana de quienes ven la justicia del hombre como un hecho en el que, si las leyes no hacen justicia, las manos del hombre si lo harán.
Un mes había transcurrido cuando la familia de Susana se vistió de luto, el dueñon que era conocido como aficionado al trago, se había suicidado, solo dejó una nota diciendo ¡Adiós!
No hubo preguntas, ni averiguaciones, solo otro vecino que se fue al más allá.
No hubo preguntas, ni averiguaciones, solo otro vecino que se fue al más allá.
Dolores se había cobrado una deuda de infidelidades y de soportar a un alcohólico durante casi 20 años.
Ni siquiera Camelia sospechó que el veneno se lo proporcionó Dolores, y la tristeza era porque ella hubiera querido dárselo.
Un complicado final de una historia de tantas que se repiten a diario en un país en el que la pobreza nos lleva a tantos a soportar hasta las peores humillaciones y abusos, donde la justicia complace al corrupto y adinerado y destruye a los pobres e inocentes.
En este caso puedo decir que es un final feliz pues el culpable de no solo uno sino talvez varios otros crímenes tuvo su merecido en la tierra.